Ayer, 5 de noviembre, Palacio de Avilés fue escenario de la presentación del último libro del bioquímico Carlos López-Otín, un homenaje a su amigo Sammy Basso y a quienes nos enseñan a vivir con sentido.
Ayer tuvimos el privilegio de acoger en el Salón Principado del Palacio la presentación de La eternidad y un día más. La última clase de Sammy Sensei (Paidós), la nueva obra de Carlos López-Otín, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo y uno de los científicos españoles más citados en el campo de la biología.
El libro, publicado el pasado 14 de octubre, supone un cambio de registro para el autor: su primera obra de no ficción novelada. En ella cuenta la vida de Sammy Basso, el joven biólogo italiano que convivió con la progeria, una enfermedad rara que acelera el envejecimiento, y que llegó a ser el paciente más longevo del mundo. López-Otín lo conoció cuando Sammy tenía 12 años, y de ese encuentro nació una amistad que duró toda su vida. Lo que empezó como una relación de maestro y alumno acabó convirtiéndose en lo contrario: el discípulo se transformó en el maestro y dejó una lección sobre la fragilidad, el amor, la educación y el sentido de la existencia.
López-Otín abrió con un prólogo sobre la vida molecular, en el que defendió que la vida es el mayor ejemplo de realismo mágico y que lo verdaderamente milagroso es sobrevivir siendo seres imperfectos y vulnerables. Después contó cómo comenzó todo: en un congreso en Boston, donde presentaba sus experimentos sobre envejecimiento con ratones, se fijó en un niño de primera fila con aspecto de anciano y unos profundos ojos verdes. Al terminar, ese niño le pidió que siguieran investigando para ayudar a otras personas como él. Era Sammy Basso, que tenía entonces 12 años, una edad cercana al límite de esperanza de vida que se atribuía a los pacientes de progeria.
Aquel encuentro le hizo recordar a los maestros que marcaron su vida, como Margarita Salas, y le llevó a una conclusión: lo que seguirá transformando el mundo son las personas, no las moléculas ni la inteligencia artificial.
Desde entonces, ambos conversaban cada domingo en lo que bautizaron como Sundays with Sammy. Empezaron hablando de moléculas y mutaciones, y poco a poco pasaron a recomendarse libros y películas. Hasta que Sammy le pidió que fuera su mentor.
De todas las películas que aparecen en el libro, el autor quiso citar solo una: Lunana. Un yak en la escuela, rodada en Bután, el país con mayor índice de felicidad del mundo. Viajó hasta allí para comprobarlo y comprendió por qué: allí priorizan la educación, el respeto a la naturaleza y las tradiciones, y la sonrisa. De ahí su distinción entre rodearnos del «exposoma» o del «afectoma», el entorno amable y saludable.
Sammy estudió Biología Molecular en la Universidad de Padua y, tras graduarse, se incorporó al grupo de investigación de López-Otín en la Universidad de Oviedo. «Cerró el círculo del conocimiento», explicó el autor, hasta llegar a un punto en el que ya no se sabe quién enseña y quién aprende. Según su maestro, lo que Sammy buscaba, como todo ser humano inteligente, era querer y ser querido.
El público siguió la clase con enorme atención, hubo quien tomó notas, y la intervención terminó con una gran ovación.
La cita avilesina formó parte de una gira de presentaciones por Asturias. Días antes, el autor había llenado de emoción el Teatro Jovellanos de Gijón con un relato humanista y optimista, en el que la adversidad y la imperfección son compañeras inseparables de la vida. Y hoy viernes, 6 de noviembre, presenta el libro en Mieres, donde la recaudación de los ejemplares vendidos irá destinada a la campaña El Camino de Carlota.
Desde Palacio de Avilés damos las gracias a Carlos López-Otín por compartir con nosotros una tarde tan especial, y a todas las personas que la llenaron de ilusión y de cariño. Seguiremos abriendo nuestras puertas a la cultura, la ciencia y el pensamiento en Avilés.
Os dejamos con la galería de imágenes realizadas por El Comercio.










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